El índice dedicado a la lectura y la venta de libros ha bajado en todo el mundo, pero sobre todo esto se hace más visible en la franja de edad de la adolescencia. Entre los 14 y los 18 años los jóvenes abandonan progresivamente la lectura para dedicar ese tiempo a otras actividades. Es el momento en el que los estudios requieren mayor dedicación, los adolescentes comienzan a pasar más tiempo fuera de casa con los amigos y los padres les dejan más tiempo de uso con el móvil. El teléfono móvil canibaliza el ocio de los adolescentes y los aleja de otras actividades que hasta entonces llenaban su tiempo libre.

La lectura era una de ellas. Por ejemplo, en España -según datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Venta de Libros de la Federación de Gremios de Editores- el 85,2% de los niños de seis a nueve años lee en su tiempo libre, el 70,8% de los niños de 10 a 14 años tiene la misma costumbre. Sin embargo, solo el 44,7% de los adolescentes de entre 15 y 18 años es lector.

Los centros educativos tenemos un enorme reto por delante: conseguir que la lectura se afiance entre los jóvenes como una afición más a la que dedicarle tiempo y hacerles entender que realmente merece la pena leer un buen libro.

Acercarse a la literatura desde la infancia

En Best Schools in Spain creemos que cualquier edad es buena para leer y que cuanto antes empecemos este proceso mejor. Por eso es importante que los niños, desde sus primeros meses, inicien contacto con el mundo de la literatura. Primero será a través de la palabra y por medio de canciones que les irán introduciendo en un ámbito nuevo. Posteriormente, y cuando ya puedan coger objetos, deben familiarizarse con los cuentos concebidos para ellos. Las editoriales han creado una enorme gama de posibilidades, tanto en texturas, tamaños como en colores. Libros muy atractivos que los cautivan con sus imágenes y con los que les animamos a seguir explorando otros.  A partir de los tres años, y hasta los seis años, se abre otra etapa en la que descubren la lectura y donde la cercanía de padres y profesores será muy importante para hacerlos avanzar.

Cuando llegan a los siete años y hasta los nueve podemos trabajamos con ellos en función de sus gustos. Hoy en día es posible encontrar libros infantiles de todas las temáticas posibles, adaptados y pensados para ellos. Fomentar su curiosidad con libros hará más fácil que vayan enganchándose a este hábito de forma natural.  

A partir de los 10 años, los niños pueden completar sus lecturas favoritas con libros de la biblioteca del barrio o del colegio. En este espacio conocerán nuevos libros y compartirán su afición con otros niños de su misma edad. De este modo, afianzarán sus gustos y encontrarán personas con sus mismas inquietudes. En nuestros centros educativos es frecuente que existan «clubs de lectura» en los que de forma periódica se reúnen para decidir qué libros quieren leer y poner en común sus impresiones sobre ellos.

Qué tipo de libros son perfectos para cada alumno

Los libros no deben ser únicamente clásicos de la literatura, sino que hay que buscar aquellos que tengan interés para el alumno, ya sea por su temática, período histórico o forma narrativa. Un buen truco para enganchar a los jóvenes lectores es que tenga algo de intriga. Los propios autores fomentan este elemento, porque también ellos son conscientes de que tienen más posibilidades de tener éxito entre el público con su novela.

Es importante recordar que la lectura debe ser voluntaria y adecuarse al gusto o a las temáticas de interés de los estudiantes. Forzar a alguien a la lectura solo puede provocar el efecto contrario al deseado. Es preferible que los libros no sean excesivamente largos para que no se desanimen. La mayoría de los alumnos no están acostumbrados a leer mucho, por lo que si el libro es breve les resultará menos complicado animarse a comenzarlo.

En nuestros colegios se debate en clase sobre libros, se crea un Plan Lector adecuado a cada curso e, incluso, se premia en los boletines de notas las lecturas voluntarias. Todas las herramientas son válidas para conseguir que no se pierda un hábito tan fundamental en sus vidas, como enriquecedor en su desarrollo.

Y todo esto, para que algún día los jóvenes lectores puedan decir, como dejo escrito Jorge Luis Borges: «Siempre soñé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca».